Andan diciendo los meteorólogos
de la Agencia Estatal de Meteorología, que “este agosto va a ser el más
caluroso que conocemos, y contempla que las precipitaciones puedan superar los
valores medios, aunque admiten cierta incertidumbre sobre este punto relacionado
con los episodios tormentosos que cada vez, dicen, son menos pero más intensos,
afectan a áreas muy concretas, duran
poco tiempo, y los registros dejan grandes cantidades de lluvia en pocas horas,
elevando significativamente el total acumulado de precipitaciones de una región”.
Esto me trae el recuerdo de
aquellas nubes que en Fresno tenían a
todas las familias en vilo, desde el mismo momento en que empezaban a verse los
nubarrones negros pa arriba (Si los
nublaus van pa León, di que truena y tienes razón), pa abajo, pa los Oteros, o
pal rio. Siempre igual: cielo
anubarrado, rachas de aire fuerte que, a unas veces dispersaban los nublados
otras no, otras dejaban paso a los relámpagos, las culebras, los aguaceros y las
granizadas o la piedra.
Era empezar a oírse los truenos
de lejos y en las casas se encendían las velas de Jueves Santo, se cerraban
puertas y ventanas y ni se comía, las madres y abuelas sobre todo iniciaban los
rezos contra la nube: a Santa Bárbara, a San Bartolomé, y otras.
Santa
Bárbara bendita
Que
en el cielo estás escrita
Con
papel y agua bendita
En
el árbol de la Cruz
Tres
veces amén Jesús
Amén
Jesús, amén Jesús, amén Jesús
San
Bartolomé se levantó
Tres
horas antes que el gallo cantó
¿Dónde
vas Bartolomé?
Yo
con vos iré
Tu
conmigo no irás
Aquí
te quedarás
Yo
te daré un don
Don
que no he dado a barón
Donde
yo sea nombrado
No
caerá centella ni rayo
Ni
mujer morirá de parto
Ni
niño de espanto
Ni
ladrón sin confesión
En
el árbol de la cruz
Tres
veces amén Jesús
Amén
Jesús, amén Jesús, amén Jesús.
Truena,
truena, reburdiana
Allá
lejos, Cristo suena
Dios
ampare al pan y al vino
Y
a la gente en peligro
¿Dónde
vas a descargar?
Allá
lejos, en el pedregal
Donde
no oigas gallo cantar
Ni
buey manso bramar
Con cualquiera que se hable,
tiene recuerdos de alguna de estas nubes en especial porque hubo muchas que
dejaron malos recuerdos imborrables: pérdidas, incendios, miedo y desgracia. Porque
todo es Tentenube. Y hasta el toque a Tentenube, general en los pueblos de
nuestra comarca, cambió de fechas porque algún campanero murió por el rayo
cuando intentaba espantar la que tenía encima, ya que muy antiguamente empezaba
el toque cuando la amenaza estaba cerca. Las campanas siempre estuvieron
vinculadas a las leyendas sobre las nubes, unas porque las atraían como las de
Fresno, y otras porque las espantaban como las de Villamañán y Benamariel.
No había seguros agrarios ni
tecnología, casi todas las familias vivían de la hortaliza y una granizada
arrasaba cosechas, dejando a agricultores en la ruina, todo se perdía de golpe.
En el recuerdo quedan también aquellos
momentos, cuando volvía la calma y todo el mundo iba a la tierra a ver cómo
había quedado aquello. Cuando había sido
de noche, con los tractores que tenían luz, y cuando no había tractores con el
burro y el farol. Nadie podía dormir sin saber cómo había quedado lo suyo, y
cuando se sabía menos aún.
Fechas temidas eran los últimos
días de julio y los primeros de agosto (este año ya pasadas). Siempre tocaban más a unas zonas que a otras
que se libraban. Recuerdo un año que una nube de finales de julio arrasó la
mitad del pueblo dejó todo “molido”, fue
hacia las cuatro de la tarde, terminando la siesta, y justamente una semana
después a la misma hora otra nube, ya en primeros de agosto, “molió” la otra
mitad.
Siempre ha sido igual: a
principios del siglo pasado, concretamente el 25 de junio de 1908 y el 1 junio
de 1909, Fresno sufrió los efectos de sendas “nubes” que arruinaron el pueblo:
cereal, hortaliza, fruta y barcillares. Lo que había quedado un año, cayó al
siguiente. Cuál no sería el desastre que
el maestro, don Joaquín Alonso, escribe una carta al director del recién nacido
Diario de León, pidiendo ayuda para un ¡¡pueblo
arruinado!!, así titula la carta. Es tan desgarrador el texto que
leyéndolo puede uno imaginar al maestro llorando. Se despide del director con
la fórmula, entonces usual de “su afectísimo amigo, y seguro servidor que le
besa la mano”. Hoy nos puede parecer una
fórmula servil, pero era lo que tenía que decir quien se dirigía a una
personalidad de la que se esperaba algo, eran aquellos tiempos.
Aprovechando la estupenda idea de
dedicar un espacio de la Feria del Pimiento a recordar los días pasados de
nuestro pueblo, invitando a participar con los recuerdos de cada uno, este
puede ser un tema bastante interesante. En
todas las familias tienen anécdotas y recuerdos de las nubes que hemos vivido. Y
como tirando del hilo sale el ovillo, recordad que en el libro Fresno de la Vega, memoria colectiva, en
la Parte III: un siglo en la vida de Fresno, se relatan algunas de las nubes
más sonadas; también la superstición de tirar las piedras con poderes para alejarlas.

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