jueves, 13 de agosto de 2026



LAS NUBES DE VERANO QUE VIVIMOS EN FRESNO

Andan diciendo los meteorólogos de la Agencia Estatal de Meteorología, que “este agosto va a ser el más caluroso que conocemos, y contempla que las precipitaciones puedan superar los valores medios, aunque admiten cierta incertidumbre sobre este punto relacionado con los episodios tormentosos que cada vez, dicen, son menos pero más intensos,  afectan a áreas muy concretas, duran poco tiempo, y los registros dejan grandes cantidades de lluvia en pocas horas, elevando significativamente el total acumulado de precipitaciones de una región”.

Esto me trae el recuerdo de aquellas nubes que en Fresno tenían a todas las familias en vilo, desde el mismo momento en que empezaban a verse los nubarrones negros pa arriba (Si los nublaus van pa León, di que truena y tienes razón), pa abajo, pa los Oteros, o pal rio.  Siempre igual: cielo anubarrado, rachas de aire fuerte que, a unas veces dispersaban los nublados otras no, otras dejaban paso a los relámpagos, las culebras, los aguaceros y las granizadas o la piedra.

 

Era empezar a oírse los truenos de lejos y en las casas se encendían las velas de Jueves Santo, se cerraban puertas y ventanas y ni se comía, las madres y abuelas sobre todo iniciaban los rezos contra la nube: a Santa Bárbara, a San Bartolomé, y otras.

Santa Bárbara bendita

Que en el cielo estás escrita

Con papel y agua bendita

En el árbol de la Cruz

Tres veces amén Jesús

Amén Jesús, amén Jesús, amén Jesús

 

 

San Bartolomé se levantó

Tres horas antes que el gallo cantó

¿Dónde vas Bartolomé?

Yo con vos iré

Tu conmigo no irás

Aquí te quedarás

Yo te daré un don

Don que no he dado a barón

Donde yo sea nombrado

No caerá centella ni rayo

Ni mujer morirá de parto

Ni niño de espanto

Ni ladrón sin confesión

En el árbol de la cruz

Tres veces amén Jesús

Amén Jesús, amén Jesús, amén Jesús.

 

 

 

Truena, truena, reburdiana

Allá lejos, Cristo suena

Dios ampare al pan y al vino

Y a la gente en peligro

¿Dónde vas a descargar?

Allá lejos, en el pedregal

Donde no oigas gallo cantar

Ni buey manso bramar

 

Con cualquiera que se hable, tiene recuerdos de alguna de estas nubes en especial porque hubo muchas que dejaron malos recuerdos imborrables: pérdidas, incendios, miedo y desgracia. Porque todo es Tentenube. Y hasta el toque a Tentenube, general en los pueblos de nuestra comarca, cambió de fechas porque algún campanero murió por el rayo cuando intentaba espantar la que tenía encima, ya que muy antiguamente empezaba el toque cuando la amenaza estaba cerca. Las campanas siempre estuvieron vinculadas a las leyendas sobre las nubes, unas porque las atraían como las de Fresno, y otras porque las espantaban como las de Villamañán y Benamariel.

No había seguros agrarios ni tecnología, casi todas las familias vivían de la hortaliza y una granizada arrasaba cosechas, dejando a agricultores en la ruina, todo se perdía de golpe.

En el recuerdo quedan también aquellos momentos, cuando volvía la calma y todo el mundo iba a la tierra a ver cómo había quedado aquello.  Cuando había sido de noche, con los tractores que tenían luz, y cuando no había tractores con el burro y el farol. Nadie podía dormir sin saber cómo había quedado lo suyo, y cuando se sabía menos aún.

Fechas temidas eran los últimos días de julio y los primeros de agosto (este año ya pasadas).  Siempre tocaban más a unas zonas que a otras que se libraban. Recuerdo un año que una nube de finales de julio arrasó la mitad del pueblo dejó todo  “molido”, fue hacia las cuatro de la tarde, terminando la siesta, y justamente una semana después a la misma hora otra nube, ya en primeros de agosto, “molió” la otra mitad.

Siempre ha sido igual: a principios del siglo pasado, concretamente el 25 de junio de 1908 y el 1 junio de 1909, Fresno sufrió los efectos de sendas “nubes” que arruinaron el pueblo: cereal, hortaliza, fruta y barcillares. Lo que había quedado un año, cayó al siguiente.  Cuál no sería el desastre que el maestro, don Joaquín Alonso, escribe una carta al director del recién nacido Diario de León, pidiendo ayuda para un ¡¡pueblo arruinado!!, así titula la carta. Es tan desgarrador el texto que leyéndolo puede uno imaginar al maestro llorando. Se despide del director con la fórmula, entonces usual de “su afectísimo amigo, y seguro servidor que le besa la mano”.  Hoy nos puede parecer una fórmula servil, pero era lo que tenía que decir quien se dirigía a una personalidad de la que se esperaba algo, eran aquellos tiempos.


                                           


 

Aprovechando la estupenda idea de dedicar un espacio de la Feria del Pimiento a recordar los días pasados de nuestro pueblo, invitando a participar con los recuerdos de cada uno, este puede ser un tema bastante interesante.  En todas las familias tienen anécdotas y recuerdos de las nubes que hemos vivido. Y como tirando del hilo sale el ovillo, recordad que en el libro Fresno de la Vega, memoria colectiva, en la Parte III: un siglo en la vida de Fresno, se relatan algunas de las nubes más sonadas; también la superstición de tirar las piedras con poderes para alejarlas.