lunes, 26 de enero de 2026

                                                 



Hola a todos,

Tras una larga ausencia por agotamiento de  tema, y tras el bloqueo de la aplicación por falta de uso, por suerte ya está nuevamente operativo el blog, lo que nos da la posibilidad de traer aquí retazos de nuestras pequeñas cosas: tradiciones, leyendas, festividades, eventos, y todo aquello que nos une y nos hace agradable el recuerdo de nuestro pueblo.

Seguimos pues.


 

                                                TENTENUBE

 Quedan cinco días para que volvamos a oír las campanas tocando, cadenciosa y machaconamente, ese toque que nos dicen, aleja de nuestro pueblo a esos seres malvados que recorren los tejados y las ventanas de las casas en los días de mal tiempo, menean los cristales, silban por las rendijas, levantan tejas, rompen las ramas de los árboles y les desnudan de hojas, tumban los trigos, azotan a los chopos, y lo peor de todo: llaman a la nube para que venga y descargue todo su poder destructor en forma de piedra o granizo en las casas y en las cosechas, asolando el campo. Este toque les hipnotiza, les espanta, y a nosotros,  nos libra de tanto bicho malo.

Vamos a conocer un poco más sobre esta tradición tan arraigada en nuestro pueblo:

En una clara fusión entre superstición y fe, la tradición nos dice que tocar las dos campanas grandes de Fresno: la Santa Bárbara y la San Miguel (la más pequeña, el esquilín del Sagrado Corazón, no interviene en este toque),  durante la noche que va del treintaiuno de enero al uno de febrero, día de Santa Brígida y San Severo, conocido este último como santo tormentero, espanta y ahuyenta a los renuberos, esos seres tan fantásticos como malignos, capaces de organizar y descargar ellos solos, todo el pedrisco y los temporales que pudieran venir en el año recién empezado, arruinando las cosechas, tumbando los trigos o quemándolos, quemando las paleras y los pastos con las chispas que dejan caer y acabando en cuestión de minutos con el pan de ricos y pobres. Esos renuberos según les llaman ahora, pero a los que la gente mayor, entre ellos mi tío Ezequiel, siempre llamaron los guiris, correteaban por los tejados y trequiñaban las puertas y los cristales de las ventanas, los días de mucho aire, sembrando el pánico en la gente menuda cuando nos decían: quédate quientin/a, no des guerra y siéntate o duérmete enseguida, que andan los guiris por ahí fuera y si se enteran de que no obedeces, igual quieren llevarte ¿No les oyes? Y claro que se les oía.

El toque de Tentenube es peculiar: rítmico, repetitivo, sugestivo y hechizante.  Cada campanero le imprime su propio compás y algún que otro quiebro. Es sumamente nostálgico para quienes no podemos oírlo en directo y cada treinta y uno de enero recibimos los vídeos con la grabación: ventajas de vivir en esta época. El tañer de las campanas se acompañaba con el recitado del estribillo: Tentenube/ tente tú / que Dios puede más que tu/ Tentenube/ tente palo / que Dios puede más que el diablo.

Los niños y niñas, por esas fechas hace años jugábamos al juego de Tentenube, que consistía en ponernos de dos en dos, espalda con espalda y engancharnos con los brazos acodados. Entonces uno de los dos se agachaba hacia delante levantando al de atrás en el aire, mientras recitábamos Tente nube / tente rayo / tente tú / que yo me caigo, y a continuación se cambiaba, el que estaba con el compañero a la espalda, se iba levantando poco a poco, el otro hacía pie y se iba inclinando hacia delante hasta levantar al primero, volvían a recitar el estribillo y vuelta a cambiar.  Así se iban balanceando hasta perder el equilibrio y caer. El primero en caer con su compañero a la espalda, era el que perdía y el otro ganaba.  Si se jugaba en grupo de parejas, después de la primera ronda, jugaban los ganadores, y así iban cayendo jugadores hasta que solo quedaba uno como ganador definitivo. La realidad es que ni el juego se llamaba siempre Tentenube ni el estribillo era el auténtico del juego.  Esta debía de ser una adaptación para esos días, ya que el soniquete era igual.  Pero en el juego de verdad, como lo jugábamos el resto del año, el estribillo era este: -¿Dónde estás? -En tableta/ -¿Qué comiste? –Caganetas  -¿Qué bebiste? –Agua de mayo/ - Tente tú que yo me caigo. Sin la musiquilla del toque.

Antiguamente, se tocaba durante toda la noche, desde que oscurecía hasta el amanecer. Por eso decía el refrán: el que toca a Tentenube, si no miente, sube a la torre un mes y baja el siguiente.  El ayuntamiento encargaba un guiso de carne de carnero para que los campaneros disfrutasen de una cena en condiciones.  Por su parte, el cura tenía la costumbre de convidar a los campaneros con un garrafón de limonada que, como todo el mundo sabe, en León no se hace con agua y limón sino con vino en el que se maceran frutas, entre ellas limones troceados pero también peras, naranjas y manzanas, con palos de canela y algo de azúcar.  También, en ocasiones, alguno de los campaneros llevaba una puchera de castañas cocidas en anís o alguna botella de orujo. Se supone que los agasajos eran abajo en los portales de la iglesia después del toque, porque trepar, que no subir, a la torre, era muy difícil en estado de total sobriedad, no digamos ya con unos tragos de orujo o limonada dentro.  Y era así porque entonces no había una escalera en condiciones, había que escalar apoyando los pies en unos zoquetes de madera empotrados en las paredes y agarrándose con las manos en otros.  Hasta el arreglo de la torre en el año 1996 no hubo una escalera que pudiera llamarse tal.

Parece extraño que se tocase a Tentenube en enero que es cuando no suele haber nubes, piensa uno que sería más indicado hacerlo en verano cuando se producen las más gordas y temidas. Y así era en la antigüedad, tiempo en el que existía la creencia de que tocar las campanas cuando el cielo estaba enmarañado disipaba las nubes evitando el pedrisco, y así se hacía, pero hubo que  desistir de tocar en ese preciso momento,  tras la muerte por rayo de varios campaneros de la zona, por suerte ninguno en Fresno. 

Cada pueblo tiene su leyenda con las campanas y las nubes: en Fresno se cree que las de Villamañán y las de Benamariel, espantan la nube, y las de Fresno la llaman.  De ahí el peligro con las nubes que se ponen al otro lado del río: si allí tocan para disiparlas, nos las mandan para Fresno; y si aquí tocamos las estamos llamando. Tocar todos a la vez, es lo peor que puede pasar en este pueblo.

 

Hoy en día, el horario del toque es más reducido, comienza a las diez de la noche y finaliza a las doce, 0 horas del día de Santa Brígida y San Severo.

Recientemente, la asociación cultural Fraxino, más o menos desde el año 2000, para dar realce a la tradición, motivar la voluntad de posibles campaneros y hacer partícipes a la gente del pueblo, invitaba en la sede de la asociación a un chocolate con la típica copa de orujo. Incluso llegaron a convocar charlas con asistentes ilustres como el etnógrafo Joaquín Alonso y el profesor de la Universidad de León Héctor Luis Suárez Pérez, y como experto, Antonio Bodega, campanero hijo de campanero (Cesáreo Bodega, nacido en un día de Tentenube) y maestro de otros campaneros como Miro Prieto, Alberto de Paz, Álvaro Carpintero, Miguel Ángel Miguélez o Carlos Fernández, a quienes van relevando Héctor de Paz, Diego García, su hermana Ana y algunos jóvenes más. (Página 428 y dos más del libro Fresno de la Vega, memoria colectiva)

 
















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